Web de Rafael Moreno Rojas

Artículos científicos en que he colaborado en 2015

Último artículo indexado

Último artículo indexado (¡el que quisiera!) en la revista nº2 de todo el ranking de todas las temáticas (Indice de impacto 55.39)

He actualizado un poco la información sobre mi actividad científica que podéis encontrar en esta web.

Concretamente están incluidos los 8 artículos en revistas indexadas que llevo en 2015 (en breve espero incluir uno que estamos peleando con los revisores y esperemos que sea posible también con otros 3 de los que aún no contestan). (artículos indexados)

Quien me conoce sabe que no soy devoto de las publicaciones científicas indexadas, a pesar de que por el volumen de mis publicaciones pueda parecer lo contrario. Son sólo el medio por el que hoy en día se demuestra que se investiga en éste y en la mayoría de países desarrollados (y cada vez más en los emergentes e incluso alguno que ni vislumbra desarrollarse). Por ello, uno de los artículos de los que me siento más satisfecho, no está en una revista indexada, sino en una nacional muy leída por los industriales del sector, al menos en el año 87 (Cárnica 2000). Mi colaboración fue puntual, pero en el artículo, se sentaban las bases científicas de la relación del tiempo de salazón con la incidencia de la putrefacción interna del jamón. Cómo calculó su principal autor, Francisco León Crespo, el ahorro para la industria del jamón (por las pérdidas por cala que se producían hasta entonces y las que se producen ahora) serviría para pagar su sueldo de funcionario durante toda su vida laboral, su jubilación y posiblemente el de todos los autores (bastantes) de aquel artículo y de  varias generaciones de nuestra descendencia. Sin embargo, era una revista sin indice de impacto, pues el tema no hubiese interesado a ninguna y de finalmente publicarlo, casi nadie del sector habría leído el artículo (sobre todo por estar en inglés en revistas que no suelen leer).

Porque hay que aclarar que una revista indexada no es más que el lugar dónde los científicos publicamos nuestras investigaciones, en muchos casos no completas (los proyectos suelen ser más amplios y se segmentan en unidades coherentes que constituyen el artículo). En dichas revistas suele haber un grupo de editores que deciden la pertinencia de publicar por coincidencia con la temática de la revista; y últimamente además, hacen de filtro para evitar colapsar al siguiente elemento de control: los revisores. Estos son los especialistas a los que se manda el artículo recibido para publicar (normalmente a dos revisores a la vez) y una vez que lo leen y estudian en profundidad, deciden si se acepta tal cual se ha enviado para publicarlo en la revista, requiere una corrección menor, o mayor, para ser publicado, o directamente se rechaza. Con el dictamen de los revisores, el editor toma una decisión y te la comunica. Pero esto no es exclusivo de las revistas indexadas, sino que la inmensa mayoría de las revistas científicas lo hacen. La diferencia es que las revistas indexadas son muy leídas y muy citadas (los autores de una nueva investigación que han leído un artículo en relación a su tema, comentan o discuten el contenido de dicho artículo en relación al que ellos están redactando y pretenden publicar). Es decir, cuanto más se cite una revista, más sube en el ranking de las más citadas (Science Citation Index [SCI]). Este ranking tiene un punto de corte, por debajo del cual, las revistas que tienen un nivel de citación inferior ya no se incluyen (revistas no indexadas).

Hasta aquí todo puede parecer más o menos coherente y la selección “natural” hacía que las revistas más prestigiosas estuvieran en ese listado y las menos, quedaran fuera. Pero llegó un momento en el que no fue suficiente que la revista estuviera recogida en el índice, sino que la posición en el mismo empezó a servir para multitud de cosas. En nuestro país, entre otras: para que al cabo de 6 años de investigación a los profesores universitarios se les pueda conceder un pequeño complemento al sueldo (sexenio); que se considere en los baremos de contratación; en los sistema de acreditación de cuerpos universitarios; que se concedan proyectos; que se aprueben ayudas; que se puedan dirigir tesis doctorales o evaluarla como tribunal; que se pueda coordinar un máster o un programa de doctorado; e incluso es imprescindible para poder defender una la tesis doctoral; etc. etc. etc.

Coincidiendo con lo que está ocurriendo en España, en el resto del mundo (incluidos los países emergentes) publicar en una revista indexada se considera un mérito necesario en el ámbito de la investigación y/o docencia universitaria, e incluso afecta a la supervivencia de una universidad, o la dotación económica que recibe del estado (caso de algunos países sudamericanos).

En aquellos tiempos pasados,  publicar en una revista importante era simplemente una cuestión de mérito y prestigio personal y el SCI era una recompensa para uno mismo, o entendida por unos pocos y por tanto era “relativamente fácil publicar” con un mínimo de rigor científico y coherencia. En cambio hoy en día, la cuestión ha cambiado mucho, ya que ahora, hasta un mono con una probeta “necesita” publicar en el SCI. Sin embargo, el número de revistas indexadas no ha subido sustancialmente, el número de artículos anuales de las revistas tampoco. Sin embargo el número de envíos para publicar en dichas revistas se ha multiplicado incluso decenas de veces. Esto lleva a que realmente pocos borradores de artículos lleguen realmente a los especialistas de las revistas ya que los editores (con una especialización media y unas directrices de cancerbero claras) los rechazan a las primeras de cambio.

Y como he comentado antes, ya no vale solo publicar en el SCI, hay que hacerlo en Q1 (primer cuartil = 25% de las revistas más importantes del área de conocimiento) o incluso  D1 (primer decil = 10% de las revistas más importantes).

Pero además, las revistas antes se sufragaban en su funcionamiento (además de por la buena voluntad de los editores y el voluntarismo de los revisores) por las suscripciones que se hacía en bibliotecas públicas, privadas, suscriptores particulares y alguna ayuda económica oficial u oficiosa. Pero tras el boom de internet, añadido a los paquetes de intercambio entre universidades, los ingresos para mantener las revistas ha disminuido, y sobre todo al estar las revistas agrupadas en un selecto grupo de editoriales potentes, cuyo último fin es económico. Esto ha llevado a cobrar por los artículos a quien los solicita (antes lo llamábamos separatas y se enviaban por correo ordinario de forma gratuita); o incluso cobrar a los autores por publicar. A la sombra de esas grandes editoriales (y a veces siendo ellas mismas) surgen las publicaciones OpenAccess en las que los artículos se pueden descargar gratuitamente, pero como no tienen estos ingresos, los autores de los artículos tienen que contribuir económicamente a sustentar el sistema (a veces miles de euros por artículo).

En definitiva, hoy en día, publicar en revistas del SCI, sobre todo de los primeros puestos, es difícil y caro, dándose la paradoja de que nos esmeramos, cuidamos nuestros borradores para enviarlos a competir con cientos de otros de cualquier confín del mundo, para finalmente, si tienes la suerte de publicar, que tengas que pagar por verlo ubicado en un sitio adecuado para tus intereses y la de esas otras personas que colaboran contigo y que en muchas ocasiones “necesitan”, mucho más que tú, el logro del SCI.

Mi interés en este momento por publicar en revistas indexadas no es “ansia” como algún compañero me ha dicho, sino una necesidad imperiosa de que todas esas personas que se han acercado a mí, esperando mi ayuda, puedan cumplir el sueño de tener su tesis, su proyecto, su puesto de trabajo, que sin artículos indexados sería imposible.

¡Va por todos vosotros!

Cómo premio por aguantar el tostón, os dejo el cuento de Caperucita Roja en versión SCI.

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